Los expertos y toxicólogos aseguran que estamos rodeados de “venenos” y que su incidencia en la salud depende claramente de las dosis y forma de administrarlos.
Se diría que los toxicólogos estudian sustancias que, en mayor o menor medida, pueden causar la muerte. Pero la toxicología también trata y garantiza la vida. Estas son las reflexiones del profesor británico Joshua Hamilton, experto en toxicología y farmacología en la Universidad de Dartmouth, que ironiza en varios de sus escritos sobre la diferencia entre un veneno y un fármaco. “Hablamos de un Borgia o de un médico?”, se pregunta Hamilton.
Por su parte, el profesor Mike Gallo, descubridor del virus del SIDA, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y director asociado del Instituto del Cáncer de Nueva Jersey, lo tiene claro: “La balanza sólo se inclina hacia el lado de la toxicidad cuando la dosis administrada supera los umbrales tolerados”.
Gallo, uno de los investigadores con mayor prestigio mundial, ha tratado a miles de pacientes con patología oncológica y, en una de sus últimas publicaciones, habla del diagnóstico de un hombre de 64 años a quien se le diagnosticó un linfoma de Hodgkin, muy agresivo hacia el sistema inmunológico.
Se le prescribió cuatro meses de una dieta intravenosa de toxinas, también conocida en el lenguaje coloquial como quimioterapia. Un cóctel de ciclofosfamida, prednisona, adriamicina, vincristina y rituximab, sustancias suficientemente tóxicas como para causar vómitos, diarrea, caída de cabello y daños en la vejiga, combatieron la metástasis amenazante. Como el propio Gallo reconoce: “Casi todos los fármacos anticancerosos pueden ser, en sí mismos, carcinógenos”.
ESA VACILANTE FRONTERA
Es por ello que los investigadores trabajan hoy en día, sin descanso, en la perfección de la quimioterapia y en fórmulas que rebajen su patología agresiva.
El Memorial Center de Nueva York y el Instituto Oncológico de Nueva Jersey son pioneros en estos avances. Los diferentes aspectos de la quimioterapia, absolutamente imprescindible para frenar los avances de los distintos tipos de tumores cancerígenos, plantean un panorama apasionante en el mundo de la ciencia médica. Gallo habla de “esa vacilante frontera entre lo que mata y lo que cura”, algo que le atrae poderosamente como oncólogo.
Partiendo de la base de que ningún ser humano, ningún organismo es similar, el profesor Gallo afirma: “La toxicología ofrece la oportunidad de entender la biología”.
Meses y meses de una quimioterapia “toxicológica” puede salvar una vida. Meses y meses después de ingerir miligramos de sustancias agresivas, con los duros efectos secundarios que vemos a diario, pueden abocar a que el linfoma esté en retroceso.
De hecho, en el planeta estamos rodeados de “venenos”. Cualquier sustancia medicamentosa administrada en exceso puede resultar letal. El exceso de vitamina A o hipervitaminosis puede dañar el hígado. El exceso de vitamina D puede lesionar los riñones. El exceso de vitaminas E y F puede causar hiponatremia, una dilución del contenido de sales en la sangre que afecta al cerebro, el corazón y la función muscular.
Hasta el oxígeno, tan alabado, tendría su lado siniestro. Según Michael Trush, toxicólogo de la Escuela de Sanidad Bloomberg, en la Universidad americana John Hopkins, el oxígeno se combina con los alimentos para producir energía, pero nuestro organismo también produce radicales libres de oxígeno, átomos que tienen un electrón desparejado y dañan las moléculas: el ADN, las proteínas y los lípidos. “Nos estamos oxidando constantemente, el precio bioquímico de respirar es el envejecimiento”.
LA DOSIS JUSTADe aquí nace la poderosa industria cosmética para combatir los llamados “radicales libres”, base de la publicidad que rodea a cremas y productos en el mercado. Un portavoz de Farmaindustria, la patronal que agrupa a la industria farmacéutica en España, insiste en los enormes controles antes de que un producto o medicamento salga al mercado. “El riesgo no está en el medicamento, cuyo valor terapéutico es indiscutible, sino en la dosis y manera de administrarlo”.
El valor y calidad del medicamento no está en duda, sino su cantidad, justa dosis y prescripción temporal de administrarlo, insisten en la patronal farmacéutica. Del mismo modo, destacan los controles en la laboratorios, a la hora de elaborar y fabricar el medicamento o producto en cuestión.
Por ser incoloro, inodoro e insípido, el arsénico era el veneno preferido por los Borgia, familia italiana experta en asesinatos. Por su parte, la morfina está entrelazada con los crímenes de la dualidad entre el doctor Jeckyll y Hyde, mientras que las dopaminas figuraban en los espantosos crímenes del nazismo. Una serpiente enroscada en un cayado es el símbolo de Asclepio, el dios griego de la medicina, emblema que preside muchas de nuestras farmacias y establecimientos sanitarios.
Sustancias todas ellas, junto con otras muchas, que se incluyen en fórmulas que pueden salvar vidas y que, día a día, curan nuestras dolencias. Es el fascinante dilema entre lo que sana y lo que mata, lo que es beneficioso o puede resultar lesivo. Lo que lleva a la conclusión de huir de la automedicación, algo sobre lo que alertan con persistencia médicos y farmacéuticos. El consejo y prescripción del especialista es básico para adaptar estos “venenos” de la naturaleza a la salud y bienestar del ser humano.
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